

Fue el mayor evento de navegación transatlántica del año pasado: El “Rally Atlantic para yates”. Casi 3.000 millas por mar desde las Islas Canarias al Caribe. Apoyado por patrocinadores, la organización de veteranos Británicos BLESMA (Asociación de Exconvatientes Británicos Minusválidos) enviaron el “Espíritu de Juno” a competir. A bordo había un equipo de 14 hombres, todos amputados de pierna.
La etapa de preparación fue ya todo un reto. Una fuerte tormenta retrasó el transporte del “Espíritu de Juno” hasta su punto de partida y estropeó el yate ya antes de comenzar. Con reparaciones provisionales, el barco estaba en alta mar tres días después. Luego el motor empezó de repente a dar problemas: el gasoil se salía, las velas se estropearon, el suministro de agua potable se contaminó. Durante días la tripulación navegó y durmió soportando los gases del diesel.
Diez días después, el barco y su exhausta tripulación entró en el puerto de Las Palmas. Antes de empezar su travesía por el Atlántico, había mucho que hacer: comprar provisiones, arreglar las velas, reparar el motor y por último pero no menos importante, revisar las prótesis. Parte de la tripulación había perdido las piernas más recientemente y apenas podían imaginar todo el trabajo que tendrían que llevar a cabo durante el transcurso del viaje. Durante casi tres semanas, los dejaron a su aire. Se enfrentaron al viento y se las apañaron para permanecer en la cubierta incluso bajo las peores condiciones. Encontrar un firme equilibrio sobre los tablones salpicados de agua no siempre era fácil. Se aconsejó cautela en las estrechas cabinas donde los suelos tendían a estar cubiertos con las prótesis de los camaradas que dormían.
A pesar de todos estos obstáculos, también se "divertían", permitiendo que la tripulación superase las crisis con sentido del humor y creatividad. Los marineros solían bromear sobre la "dieta Atkins” que todos estaban haciendo... después de que ambas neveras se quedasen sin corriente eléctrica, la tripulación tuvo que ponerse a devorar el suministro de carne fresca antes de que se descongelase y no fuese comestible. También perfeccionaron la cocción del pan en hornos a presión hechos por ellos mismos y cuando el abatimiento se apoderaba de ellos, inventaron las invocaciones y los rituales. La camaradería y la confianza en sí mismos crecía cada día. Uno de los miembros de la tripulación describió el yate de 20 metros como un "maravilloso grupo que se ayuda a sí mismo.”
Cuando el “Espíritu de Juno” entró en el puerto de Santa Lucía el 9 de Diciembre de 2005, estos 14 hombres habían conseguido más que el hecho de llegar a destino en la regata: "Queríamos demostrar que una amputación no es razón para retirarse de la vida activa." ¡Nadie puede discutir eso!
